SMS EMDEN

Dos hechos muy particulares sucedieron en torno al SMS Emden durante su misión como corsario en el océano Pacífico y el Índico. El primero de estos hechos sucedió cuando, a finales de septiembre de 1914, el crucero se dirigió rumbo a la Isla Diego García. Esta paradisíaca isla ubicada en el océano Índico era una colonia inglesa. El objetivo de este destino era aprovisionar y reparar al crucero para el resto de la contienda. En estado de alerta, el navío arribó cautelosamente al puerto de la isla donde, para sorpresa de los tripulantes y del propio capitán del SMS Emden, fueron recibidos con gran afecto por parte de los británicos. Nadie en la isla sabía del estado de guerra existente, dado que la isla no contaba con una radio. Inesperadamente fueron atendidos, festejados y avituallados por la desinformada colonia, sin sospechar que estaban agasajando a sus propios enemigos. Tras descansar la fatiga acumulada y ser reabastecidos, los alemanes partieron con el fin de continuar su misión como corsarios.

El segundo hecho sucedió tras el hundimiento del SMS Emden, a manos del crucero Sídney en la Isla de Cocos. Allí estaba ubicada la terminal de cables telegráficos submarinos que unían Australia con el resto del planeta. Del crucero alemán desembarcaron cincuenta hombres al mando del teniente Hellmuth von Mücke, con el objetivo de destruir las instalaciones. La estación de radio de la isla alertó inmediatamente la presencia del Emden. La alerta fue recibida por el crucero Sídney, pero los radiotelegrafistas alemanes calcularon mal su distancia. Este error terminaría en el hundimiento del Emden. El teniente von Mücke, que aun seguía en la isla y cuyo crucero ya no existía más, decidió actuar para poder escapar y no terminar como prisioneros.

Frente a la estación de los Cocos había una pequeña fragata de madera de unas 97 toneladas, que era utilizada para el servicio entre islas. El teniente ordenó embarcar en ella agua y provisiones que fueron entregadas por la misma gente de la estación, quienes querían que se marchasen de allí y evitar una batalla en la isla. La pequeña embarcación atravesó todo el océano Índico hasta la actual Indonesia. Allí se pusieron en contacto con el cónsul alemán, quien les proporcionó un barco a vapor, con el que los marineros navegaron hasta el Mar Rojo. Una vez allí, ante la presencia de barcos ingleses, se vieron obligados a desembarcar. Continuaron a pie hasta encontrar la vía de tren que comunicaba Constantinopla con Arabia. Los turcos impidieron su salida, pero los alemanes finalmente escaparon y se encaminaron al norte, en busca de la vía ferroviaria. Esta odisea terminó en mayo de 1915, cuando lograron arribar a Constantinopla y fueron recibidos con honores. Von Mücke llegó a Alemania como un héroe. En la época de posguerra criticó severamente a los nazis y especialmente a Hitler, por lo que fue llevado a un campo de concentración entre 1937 y 1939. Von Mücke murió en 1956.